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Hace dos años, llegamos en nuestro ministerio a un punto en que nos sentimos agotados por completo. Estábamos conscientes de los peligros que representa el desgaste físico. Habíamos trabajado con muchos misioneros y pastores que habían sufrido de esa manera. Sin embargo, nos costó aceptar la realidad de que nosotros mismos estábamos enfrentado ese peligro. Por fin, bajamos la guardia ante algunos de nuestros amigos más cercanos, y ellos nos convencieron de que tomáramos unas pocas semanas de descanso, nos reorganizáramos y dejáramos de centrar nuestros pensamientos en el trabajo para centrarlos en Dios.


Durante nuestro tiempo de descanso, buscamos que Él renovara aquellas áreas de nuestro vida que se estaban marchitando en la misma vid. Nos desconectamos del correo electrónico, los medios sociales y las responsabilidades del ministerio para dejar que el Espíritu Santo hiciera su obra.


No sufrimos un drástico cambio de rumbo, pero Dios hizo renacer en nuestro interior una intencionalidad que provocó un cambio gradual y fundamental; tanto un cambio de corazón como un cambio en la forma en que hemos decidido vivir nuestra fe. Hemos sentido una disposición mayor a esperar que Dios intervenga en aquellos aspectos a los cuales la fe y la confianza no siempre llegan con facilidad. También hemos tomado una decisión consciente de usar de manera más deliberada el tiempo y la energía de las que disponemos. No todos los desafíos que encontramos demandan una inversión de tipo emocional. De hecho, la mayoría de ellos no la merecen siquiera.


Como pentecostales, tenemos cierta afinidad por los sucesos que transforman. Aunque puede haber períodos cruciales que lleven a un proceso de renovación, hemos llegado a la conclusión de que la renovación personal no es un solo suceso; ni siquiera una serie de sucesos. Más bien es el resultado de un estilo de vida que está en proceso de transformación. La renovación puede parecer algo diferente en cada persona. No obstante, podemos confiar que hay ciertas características de la vida renovada que Dios desarrollará en nosotros.


En Isaías 40:31 se nos habla de la fortaleza renovada que reciben los que esperan en Dios: «
Levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán». Es una energía divina que nos capacita para capear las tormentas de la vida, nos levantamos por encima de las derrotas y vencemos en esas luchas cotidianas que nos pueden agotar con tanta facilidad.

Cuando nos apoyamos en la fuerza de Dios, nuestra resistencia aumenta en medio de las crisis y cuando enfrentamos las vicisitudes de la vida en un mundo caído. Conforme Dios nos renueva, sentimos la fortaleza que promete su Palabra, y desarrollamos una visión nueva para el futuro.

         
No es posible separar el espíritu de la mente y del cuerpo. Somos una creación admirable, en la que cada parte afecta al todo, porque todo está relacionado de una manera extraordinaria. Aun así, es necesario que cuidemos de manera deliberada cada una de esas partes con el fin de que seamos renovados y se produzca vida. Exploremos estos desafíos y los pasos de acción correspondientes que se relacionan con el proceso integral de renovación.

 

El aspecto espiritual 

Como pueblo del Espíritu, nos sentimos atraídos a la vida. Es lamentable que a veces haya quienes confunden al Espíritu con las tendencias, los estilos y la publicidad. En cuanto a aquellos de nosotros que tenemos un bajo nivel de creatividad, es un alivio reconocer que «lo más profundo» no equivale a «lo más nuevo». Las mismas prácticas espirituales que fortalecieron a las generaciones del pasado pueden fortalecer nuestra vida hoy. Hay cuatro disciplinas que constantemente debemos practicar.


Orar en el Espíritu. En nuestra condición de pentecostales, no es cosa extraña la experiencia de hablar en lenguas. Sin embargo, tal vez necesitemos recordar lo importante que es apoyarnos continuamente en el Espíritu de esta manera.


Buscar momentos tranquilos con Dios. El arte de escuchar nunca cosecha más beneficios que cuando estamos a solas con Jesús. La presión de mantener un cierto nivel de ruido y de conversación debe doblegarse ante la necesidad de un momento de silencio. Estos últimos años, hemos anhelado tener momentos silencio. Hemos buscado deliberadamente oportunidades de disfrutar la quietud, tanto en la privacidad como en la vida colectiva. Para sobrevivir las exigencias del ministerio en el siglo veintiuno, necesitamos buscar de manera deliberada espacios de silecio en que podamos escuchar la voz de Dios.


Observar la historia. Hemos desarrollado nuevas perspectivas por incorporar a nuestros momentos devocionales los escritos y las oraciones de grandes cristianos que anduvieron antes que nosotros por el camino de la fe y del ministerio. Por ejemplo, Agustín de Hipona dijo que si él tuviera que eliminar todas las disciplinas espirituales menos una, se quedaría con el examen. Esta antigua disciplina es un sencillo ejercicio que consiste en reflexionar sobre nuestro día, dando gracias a Dios por lo bueno que hemos hecho, confesando los aspectos en que fallamos, y buscando perdón y fortaleza para mejorar al día siguiente.

Nunca podremos exagerar cuán importante es reconocer ante Dios nuestros pecados y pedir su misericordioso perdón. Nosotros terminamos muchas veces nuestro día dedicando entre diez y quince minutos a la oración y a reflexionar en silencio. Uno de los beneficios de esto es la sensación de que estamos concluyendo ese día.


Practicar el Día de Reposo
. Es de crucial importancia que nos fijemos límites y destinemos un día semanal al reposo. En cuanto a los ministros, el reto más significativo de todos puede ser el de encontrar tiempo para tener ese día. Y sin embargo, la falta crónica de descanso obstaculiza nuestra búsqueda de una renovación personal.

 

El aspecto mental

Nuestra vida se mueve constantemente hacia el futuro, y la salud con la cual nos dirigimos a ese futuro depende en gran parte de nuestra fortaleza emocional. Los pensamientos negativos, la falta de perdón y la ansiedad traen consigo una neblina de abatimiento y cansancio crónico. No tenemos por qué vivir de esa manera. En Romanos 12:2 se nos recuerda que la renovación de la mente produce una transformación. Esa transformación no es un suceso único; es un estilo de vida, una decisión diaria de confiar en Jesús y seguir su ejemplo.


Cuando llegamos a la edad adulta, nuestros esquemas mentales y la imagen que tenemos de nosotros mismos están bien establecidos. Los años de reprogramación para eliminar los pensamientos y los estilos de conducta negativos nos pueden parecer una tarea insuperable. Sin embargo, para Dios no hay nada imposible. Él quiere que sus hijos sufran menos estrés, ansiedad y depresión, y tengan más esperanza, energía y paz.


Cuando andamos más lento y prestamos atención a la vida, podemos evaluar nuestros procesos mentales, esas experiencias de conocimiento que nos llevan a conclusiones particulares. Entonces podemos examinarlas a través de las verdades de la Palabra de Dios y la realidad de nuestras circunstancias. A veces es beneficioso que hablemos con alguien que nos ofrezca comentarios útiles; este alguien puede ser un miembro de nuestra familia o un amigo de confianza. Si fuera necesario, no dudemos en buscar ayuda profesional. 


¿Cómo podemos cambiar lo que no conocemos, y cómo decidimos dónde comenzar? Tenga en cuenta cuatro aspectos de las decisiones para una vida emocionalmente saludable. Durante el curso de un año, nos propusimos decidir entre dos maneras opuestas de vivir la vida.


Perdón o rencor. Jesús nos dio el mejor ejemplo de perdón en la cruz, cuando le pidió al Padre que perdonara a quienes lo habían crucificado (Lucas 23:34).


No es posible que volvamos al pasado para deshacer los sufrimientos que hemos causado, o las injusticias y traiciones que hemos sufrido por causa de otros. Sin embargo, sí podemos tomar la decisión de perdonar. También debemos aprender a no confundir el perdón con la confianza. No tenemos que exponernos a una situación de tal inestabilidad, y es posible que no olvidemos los sufrimientos. Sin embargo, los sucesos que nos han herido, se pueden convertir en parte de la historia de nuestra vida, sin la amargura que en un momento sentimos al recordar.


Así como perdonamos a los demás, debemos aprender a perdonarnos nosotros mismos. Si tomamos la decisión de aprender de nuestros propios errores y nos negamos a rumiar los «si yo» y los «si yo no», tendremos para con nosotros mismos la compasión que estamos dispuestos a mostrar a los demás. El hecho de dejar que la gracia de Dios fluya en nuestro interior nos permitirá movernos con libertad y seguridad, en vez de quedarnos atascados en el pasado.


Verdad o mentira. Para enfrentar la verdad y la realidad de cualquier situación, es necesario que venzamos la crítica que llevamos dentro. Si no desafiamos esos pensamientos negativos que surgen de manera automática, constantemente despertarán en nosotros el remordimiento por situaciones pasadas; nos robarán el gozo del presente y nos despojarán de toda esperanza para el futuro. Nos dejarán con una actitud fatalista y pesimista que definirá nuestra percepción de la realidad. El hecho de reconocer los pensamientos negativos (por ejemplo: nunca hago lo que debo, soy un fracasado o nadie me ama) de lo que es la realidad, nos ayuda a examinar los hechos con objetividad y claridad. Esto es lo que necesitamos para tomar decisiones sabias y saludables.


También debemos cuidarnos de suponer cosas que no vemos ni sabemos. Si atribuimos una cierta motivación a la conducta de otras personas o suponemos que hemos entendido su punto de vista nos desvíamos en nuestra búsqueda de la verdad.


Razón o emoción. Las emociones solas no nos bastan para decidir cuán acertada es una idea. Aunque nos informen de la presencia de algún desequilibrio, debemos examinar nuestros pensamientos hasta llegar a la raíz para decidir hasta qué punto es precisa la conclusión. Una vez que lo hemos hecho, podremos filtrar esos pensamientos, y distinguir entre realidad y engaño, para realmente enfrentar la verdad.

Hay emociones como el temor, la vergüenza, las dudas y la ansiedad que nos pueden llevar a creencias irracionales en relación con nosotros mismos. Al comparar esas creencias con la Palabra de Dios, la verdad en nuestras circunstancias y en los comentarios de otros, propiciaremos un ángulo emocional más saludable desde donde enfocar la vida.


Positivo o negativo. Filipenses 4:8 le sirve de fundamento a una sencilla práctica destinada a cambiar la negatividad personal a una apreciación más positiva de la vida. Si sedicamos tiempo a pensar en la bondad de Dios—como la lista que podemos escribir al final del día de tres cosas por las cuales le estamos agradecidos—, fomentaremos una actitud de agradecimiento que debilitará esos pensamientos destructivos que nada aportan.


Por ser seguidores de Cristo, no debemos basar nuestra conducta en lo que sentimos, en nuestras circunstancias o en nuestra interacción con los demás. Nuestras emociones y nuestros deseos proceden de nuestro pensamiento, y es necesario que este proceso mental se renueve día tras día con la dirección y la poderosa ayuda del Espíritu Santo. Aunque esto sea una perogrullada, lo cierto es que si cambiamos nuestra manera de pensar, cambiaremos nuestra vida.

 

El aspecto relacional

Aunque Jesús ministró a las multitudes, y también a las personas de manera individual, buscó sus relaciones más cercanas dentro de un círculo de amigos. Sus momentos más íntimos, y algunos de sus conflictos más intensos, se produjeron dentro de ese círculo. Aunque los ministros destacamos con frecuencia la importancia de la comunidad, a veces somos los peores a la hora de ser consecuentes en este aspecto de la vida espiritual. 


La ordenanza de la Cena del Señor establece e ilustra la importancia de la relación con Dios y la relación entre los creyentes, al hacernos recordar el sacrificio de Cristo y al mismo tiempo mirar al futuro como miembros de su Iglesia. De la misma manera que reconocemos nuestra fe como comunidad de creyentes en la Cena del Señor, también cada uno de nosotros debe vivir su fe ante la comunidad.

Cuando Pablo le habló a los Gálatas (6:2) de «sobrellevar los unos la carga de los otros», se refería a situaciones que Dios nunca tuvo la intención de que una persona soportara sola. A veces, Dios permite que se desarrollen en nuestra vida ciertas circunstancias que no estamos preparados para enfrentar por nuestra propia cuenta y riesgo. En esos tiempos, los miembros de nuestra comunidad nos acompañan en nuestro camino, y nos ayudan a llevar la carga hasta que ya no sea necesario. 


Para un ministro, la comunidad puede ser algo delicado. Aunque la iglesia local ofrece una atmósfera de comunidad, los ministros también debemos crear relaciones de responsabilidad mutua y confianza fuera de la congregación. He aquí algunas preguntas que debemos consideerar al buscar comunidad:

  ¿Me proporciona esta comunidad una red de seguridad a mí y a mis seres amados, un lugar de amor donde podremos encontrar amparo en medio de las tormentas?

  ¿Me ofrece esta comunidad la oportunidad de rendir cuentas de mi vida?

  ¿Permito que los miembros de mi comunidad me hablen con sinceridad acerca de los aspectos más desafiantes de mi vida y mi ministerio, y permiten ellos que yo haga lo mismo?

  ¿Es la confidencialidad algo que mi comunidad respeta?


Además de contribuir a la longevidad, el hecho de encontrar una comunidad saludable y mantenernos como parte de ella podría ser un factor clave en nuestra renovación personal.

 

El aspecto físico

Si nuestro cuerpo es morada del Espíritu Santo, ¿acaso no deberíamos cuidarlo de una manera que glorifique a Dios y nos motive al crecimiento y la renovación personal? Los eruditos han calculado que durante su ministerio Jesús caminaba un promedio de treinta y cuarenta kilómetros cada día. Su capacidad para mantener este ritmo nos dice que Él cuidaba de su salud.


Una salud física es deficiente puede afectar la mente y el espíritu. El sueño, el ejercicio y la alimentación son los tres elementos básicos para la salud física.


La mayoría de los adultos necesitan entre siete y nueve horas de sueño. Los estudios señalan que la privación del sueño puede llevar a un mal rendimiento en las tareas mentales complejas. La falta de sueño también puede causar un aumento en el peso. Es importante que aprendamos a desconectarnos antes de ir a dormir. Leer un libro puede ayudar a calmar la mente y el cuerpo y preparlo para el sueño, a diferencia de la atención que prestamos a los medios sociales o la televisión. Los efectos que tienen sobre el sueño la dieta y el consumo de cafeína varían de una persona a otra, de manera que debemos conocer nuestro cuerpo y lo que nos ayuda a relajarnos y conciliar el sueño.


Lo siguiente es la dieta, la cual no afecta solamente el peso. Los alimentos que escogemos pueden afectar nuestro sueño, nuestro ánimo, el nivel de energía y la salud en general. Una dieta saludable también puede tener un efecto positivo en las disciplinas espirituales. Nos es más fácil centrarnos en la oración, el estudio de la Biblia y el ministerio cuando no nos sentimos débiles o enfermos. Es esencial que entendamos las pautas básicas de una buena dieta. Hay portales de la web y aplicaciones para teléfonos inteligentes como MyFitnessPal que pueden ser valiosas herramientas.


La actividad física también es importante. Hay quienes rechazan la idea de que se necesite ejercicio, citando a Pablo en 1 Timoteo 4:8: «El ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha».


Obviamente, la búsqueda de la justicia es la prioridad antes que la buena condición física. Sin embargo, esto no significa que Pablo y Timoteo llevaran una vida sedentaria. De hecho, la vida en el siglo primero exigía un nivel de ejercicio que no es esencial en los Estados Unidos del siglo veintiuno. Es lamentable que hoy en día haya tantas personas que no incluyan el ejercicio físico intencionado como una de las ocupaciones importantes de la vida.


Como sucede con las costumbres en cuanto al sueño y la dieta, no hay un plan para el bienestar físico que se pueda aplicar a todas las personas. En cuanto a aquellos que han sido bendecidos con una buena condición física para el ejercicio básico, Brandon Newman, misionero de las Asambleas de Dios y consultor de bienestar personal, recomienda incorporar a las actividades diarias por lo menos ciento cincuenta minutos de ejercicio aeróbico moderado (caminata a paso rápido) o setenta y cinco minutos de ejercicio intenso (correr) cada semana.


«Este hábito ayudará a controlar el apetito, a mejorar el ánimo y a desarrollar mejores hábitos para dormir, además de reducir los riesgos de enfermedades del corazón, apoplejías, diabetes, deterioro de las facultades mentales, depresión y muchas formas de cáncer», afirma Newman.

 

Conclusión

Aunque con frecuencia pensamos en la renovación personal en función de momentos dramáticos que nos acercan más a la Cruz, generalmente son las disciplinas diarias, tanto espirituales como mentales, relacionales y físicas, las que allanan el camino para una salud renovada. Independientemente de lo que nos depare este año, si hacemos un inventario de estos aspectos de nuestra vida, fijamos nuestras metas en oración y deliberadamente decidimos que nos mantendremos fieles a ellos, notaremos un marcado cambio en nuestra salud en general, al mismo tiempo que nos preparará para experimentar la renovación que tanto anhelamos.


Butch y Pam Frey
han sido misioneros de las Asambleas de Dios durante más de treinta años, veinte de los cuales estuvieron dedicados a ministrar en México. Butch sirve en la actualidad como coordinador de la atención a los miembros de las Misiones Mundiales de las AD, y Pam sirve como consultora de la atención a los misioneros. La labor de ambos conlleva la intervención en las crisis, la adaptación a las transiciones y muchas otras facetas de la vida de los misioneros.



Este artículo apareció por primera vez en la revista Influence Magazine edición January/February 2018. Usado con permiso.


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Una directiva de Dios

Thu, 26 Oct 2017 - 12:50 PM CST
















Como el superintendente del North Texas District, Rick DuBose llego al Concilio General de las Asambleas de Dios en Anaheim, California, el prometió caminar por cualquier puerta ministerial que el Señor abriera.

En la reunión bienal de agosto, delegados finalmente eligieron Doug E. Clay como el nuevo superintendente general de la Fraternidad, después que el titular George O. Wood saco su nombre de más consideración. DuBose termino en segundo detrás de Clay.

Delegados en seguida eligieron a DuBose de un campo de una docena de candidatos para ser el nuevo representante del Sur Central del 21 miembro Presbiterio Ejecutivo, para suceder el jubilado J. Don George.

Sin embargo, el Presbiterio General después entregaron una lista de cuatro candidatos para reemplazar a Clay como el nuevo tesorero general el siguiente dia. Esa lista incluia a Jay Herndon, secretario-tesorero del Northern California & Nevada District; Rick Ross, superintendente del North Carolina District; Randy Valimont, pastor principal de Griffin First Assembly en Georgia; y DuBose como candidatos.

Temprano la siguiente mañana, DuBose fue a la piscina de su hotel para su diario devoción. El enumero las razones para sacar su nombre de contención para el tesorero general, la cual necesitaría una mudanza a la oficina nacional de la AD en Springfield, Missouri, como uno de los seis miembros del equipo de liderazgo ejecutivo:

♣    Él ha vivido en Texas por todos sus 60 años.
♣    El North Texas District está creciendo, con varias iniciativas tomando vuelo.
♣    El y su esposa, Rita, construyeron una casa dos años atrás.
♣    Sus tres hijos – todos involucrados en el ministerio – más ocho nietos, viven cerca.

“Nuestra vida estaba casi perfecta,” DuBose dice.

Persuasión divina

DuBose decidio sacar su nombre. En ese momento, Wayne H. Lee Sr., el fundador de Church Life Resources, cuyos materiales DuBose usaba para revitalizar congregaciones en su distrito, camino hacia él.

Lee le pregunto a DuBose que es lo que planeaba hacer. DuBose le dijo al ex vicepresidente de Southeastern University que probablemente dejaría la nominación.

“¿No le dijiste al Señor que, si El abriera una puerta, tu caminaras tras ella?” Lee francamente le pregunto a DuBose – quien no le había revelado ese pensamiento a Lee. “El Señor me despertó y me dijo que te recordara de tu promesa.”

“Eso era un punto clave,” DuBose recuerda. “No pude decir no.”

DuBose oro para que el Señor le hablara a su esposa – aún más reacio a mudarse que el. Cuando llego a su cuarto de hotel, Dios ya había comunicado con Rita.

“Vas a dejar tu nombre en la nominación, ¿verdad?” ella pregunto.

“Creo que tengo que hacerlo,” el respondio.

“Tienes, y seras elegido,” Rita respondio.

La de Rita probó ser verdadero. DuBose obtuvo más votos que Herndon o Ross (Valimont retiró su nombre de la contienda.) DuBose considera a los tres sus buenos amigos y dice que hubieran sido dignos sucesores de Clay.

DuBose comienza su mandato de cuatro años como tesorero general el 10 de octubre.

Esas raíces de Texas son profundas, incluida la década pasada que lideró lo que ahora es el distrito con el mayor número de iglesias en las Asambleas de Dios de los Estados Unidos. Su padre, Derwood DuBose, ahora con 81 años, celebró la misma publicación anteriormente.

Al comienzo de su mandato como superintendente de distrito, Rick DuBose dedicó mucho tiempo a enseñar acerca de las relaciones sanas entre el pastor y la iglesia. El esfuerzo dio como resultado un libro bien recibido, The Church That Works: Democracy vs. Theocracy, escrito con Mel Surface.

Últimamente, las iglesias saludables han sido un sello distintivo para el Distrito del Norte de Texas, con sede en Waxahachie. El distrito tiene 610 iglesias ahora comparadas con 525 cuando DuBose llegó a la presidencia. Pero el año pasado, el distrito mostró un cambio neto de 51 iglesias adicionales, en comparación con 126 en general para todo el U.S. Fellowship. DuBose estableció anteriormente una meta del distrito alcanzando a 1,000 iglesias para 2027.

“Lo que Dios ha comenzado, Él terminará,” dice DuBose. “Él no me necesita para hacerlo.

”Él dice que el crecimiento se ha acelerado desde que el distrito se volvió menos paternalista y salió del negocio de recaudación de fondos.

“Decidimos dejar de dar dinero para las plantaciones de iglesia,” dice DuBose. “Declaramos a cada iglesia como su propia Jerusalén. Ayudaremos con sistemas y soporte de estructura, pero no vamos a pagar por ello. Con ese cambio, Dios llegó a ser Dios.”

DuBose ha visto sus planes llegar a buen puerto en manos de otros antes. En 1987, se convirtió en pastor de una iglesia AD en Sachse, Texas, que tenía solo 17 asistentes. Cuando se fue para convertirse en superintendente asistente de distrito en 2005, la iglesia creció a mil. Ahora, con Bryan Jarrett al mando, NorthPlace Church tiene más de 2,100 asistentes semanales.

Familia que ministra

Rick y Rita Stratton Dubose, que asistieron juntos a Southwestern Assemblies of God University, han estado casados por 38 años. Rita es el 16 de 17 niños.

Su madre, Frieda Stratton, había sido diagnosticada con cáncer de pulmón luego de dar a luz a su hijo número 11. En una época sin esperanza de recuperación de la enfermedad, Stratton esencialmente esperó a morir en una cama de hospital. Su madre, Louise Jones, llevó a su pastor de las Asambleas de Dios a la sala para orar por su hija.

El pastor dijo una simple oración, pidiéndole a Dios que sanara a Stratton. Después de que se fue, Stratton literalmente tosió el tumor. Se convirtió del catolicismo y llevó a sus hijos a la iglesia AD el próximo domingo. Hoy, cuatro de los hermanos de Rita también son ministros acreditados de la AD.

La hija de Duboses, Renee Exley, y su esposo, Jason, son pastores principales de Life Church en Midlothian. Su hijo, Ryan, y su esposa, Lauren, son pastores ejecutivos en la creciente iglesia, que ahora cuenta con 700 asistentes. La hija más joven Rachel Jenkins y su esposo, Eric, son pastores ejecutivos y jóvenes en Open Arms Church en Lake Dallas.

Si bien él anticipa ayudar a la oficina nacional a desarrollar mejores sistemas y procedimientos financieros, DuBose quiere que la espiritualidad tenga precedencia sobre las prácticas comerciales en su nuevo rol.

“Mi verdadero propósito aquí es lo que Dios quiere hacer a través del Movimiento espiritualmente,” dice DuBose. “Se trata más de avivamiento que de dinero.”

Nada es más importante que las iglesias locales teniendo momentos alrededor del altar, DuBose cree.

“Mi objetivo es empoderar a las bases,” dice DuBose. "La gente rara vez se salva en la oficina del distrito o en la oficina nacional. Las salvaciones se llevan a cabo en la iglesia local.”

Mientras tanto, Rita no está arrastrando los pies.

“Dios no dijo que sería fácil,” dice ella. “Pero la obediencia siempre es lo correcto.

”Rita dice que admira a su esposo porque no se anima y simplemente trata de vivir a quién Dios lo creó.

“Ya sea que esté en el púlpito o en casa, lo que ves es lo que obtienes,” dice ella. “Él ha guiado a nuestra familia y al distrito en ser real, en un mundo que a veces está lleno de confusión.”

En una elección especial el 7 de septiembre, Gaylan Claunch fue elegido como el nuevo superintendente del North Texas District para reemplazar a DuBose. Claunch había sido asistente del superintendente.



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Authors: John W. Kennedy