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Hace dos años, llegamos en nuestro ministerio a un punto en que nos sentimos agotados por completo. Estábamos conscientes de los peligros que representa el desgaste físico. Habíamos trabajado con muchos misioneros y pastores que habían sufrido de esa manera. Sin embargo, nos costó aceptar la realidad de que nosotros mismos estábamos enfrentado ese peligro. Por fin, bajamos la guardia ante algunos de nuestros amigos más cercanos, y ellos nos convencieron de que tomáramos unas pocas semanas de descanso, nos reorganizáramos y dejáramos de centrar nuestros pensamientos en el trabajo para centrarlos en Dios.


Durante nuestro tiempo de descanso, buscamos que Él renovara aquellas áreas de nuestro vida que se estaban marchitando en la misma vid. Nos desconectamos del correo electrónico, los medios sociales y las responsabilidades del ministerio para dejar que el Espíritu Santo hiciera su obra.


No sufrimos un drástico cambio de rumbo, pero Dios hizo renacer en nuestro interior una intencionalidad que provocó un cambio gradual y fundamental; tanto un cambio de corazón como un cambio en la forma en que hemos decidido vivir nuestra fe. Hemos sentido una disposición mayor a esperar que Dios intervenga en aquellos aspectos a los cuales la fe y la confianza no siempre llegan con facilidad. También hemos tomado una decisión consciente de usar de manera más deliberada el tiempo y la energía de las que disponemos. No todos los desafíos que encontramos demandan una inversión de tipo emocional. De hecho, la mayoría de ellos no la merecen siquiera.


Como pentecostales, tenemos cierta afinidad por los sucesos que transforman. Aunque puede haber períodos cruciales que lleven a un proceso de renovación, hemos llegado a la conclusión de que la renovación personal no es un solo suceso; ni siquiera una serie de sucesos. Más bien es el resultado de un estilo de vida que está en proceso de transformación. La renovación puede parecer algo diferente en cada persona. No obstante, podemos confiar que hay ciertas características de la vida renovada que Dios desarrollará en nosotros.


En Isaías 40:31 se nos habla de la fortaleza renovada que reciben los que esperan en Dios: «
Levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán». Es una energía divina que nos capacita para capear las tormentas de la vida, nos levantamos por encima de las derrotas y vencemos en esas luchas cotidianas que nos pueden agotar con tanta facilidad.

Cuando nos apoyamos en la fuerza de Dios, nuestra resistencia aumenta en medio de las crisis y cuando enfrentamos las vicisitudes de la vida en un mundo caído. Conforme Dios nos renueva, sentimos la fortaleza que promete su Palabra, y desarrollamos una visión nueva para el futuro.

         
No es posible separar el espíritu de la mente y del cuerpo. Somos una creación admirable, en la que cada parte afecta al todo, porque todo está relacionado de una manera extraordinaria. Aun así, es necesario que cuidemos de manera deliberada cada una de esas partes con el fin de que seamos renovados y se produzca vida. Exploremos estos desafíos y los pasos de acción correspondientes que se relacionan con el proceso integral de renovación.

 

El aspecto espiritual 

Como pueblo del Espíritu, nos sentimos atraídos a la vida. Es lamentable que a veces haya quienes confunden al Espíritu con las tendencias, los estilos y la publicidad. En cuanto a aquellos de nosotros que tenemos un bajo nivel de creatividad, es un alivio reconocer que «lo más profundo» no equivale a «lo más nuevo». Las mismas prácticas espirituales que fortalecieron a las generaciones del pasado pueden fortalecer nuestra vida hoy. Hay cuatro disciplinas que constantemente debemos practicar.


Orar en el Espíritu. En nuestra condición de pentecostales, no es cosa extraña la experiencia de hablar en lenguas. Sin embargo, tal vez necesitemos recordar lo importante que es apoyarnos continuamente en el Espíritu de esta manera.


Buscar momentos tranquilos con Dios. El arte de escuchar nunca cosecha más beneficios que cuando estamos a solas con Jesús. La presión de mantener un cierto nivel de ruido y de conversación debe doblegarse ante la necesidad de un momento de silencio. Estos últimos años, hemos anhelado tener momentos silencio. Hemos buscado deliberadamente oportunidades de disfrutar la quietud, tanto en la privacidad como en la vida colectiva. Para sobrevivir las exigencias del ministerio en el siglo veintiuno, necesitamos buscar de manera deliberada espacios de silecio en que podamos escuchar la voz de Dios.


Observar la historia. Hemos desarrollado nuevas perspectivas por incorporar a nuestros momentos devocionales los escritos y las oraciones de grandes cristianos que anduvieron antes que nosotros por el camino de la fe y del ministerio. Por ejemplo, Agustín de Hipona dijo que si él tuviera que eliminar todas las disciplinas espirituales menos una, se quedaría con el examen. Esta antigua disciplina es un sencillo ejercicio que consiste en reflexionar sobre nuestro día, dando gracias a Dios por lo bueno que hemos hecho, confesando los aspectos en que fallamos, y buscando perdón y fortaleza para mejorar al día siguiente.

Nunca podremos exagerar cuán importante es reconocer ante Dios nuestros pecados y pedir su misericordioso perdón. Nosotros terminamos muchas veces nuestro día dedicando entre diez y quince minutos a la oración y a reflexionar en silencio. Uno de los beneficios de esto es la sensación de que estamos concluyendo ese día.


Practicar el Día de Reposo
. Es de crucial importancia que nos fijemos límites y destinemos un día semanal al reposo. En cuanto a los ministros, el reto más significativo de todos puede ser el de encontrar tiempo para tener ese día. Y sin embargo, la falta crónica de descanso obstaculiza nuestra búsqueda de una renovación personal.

 

El aspecto mental

Nuestra vida se mueve constantemente hacia el futuro, y la salud con la cual nos dirigimos a ese futuro depende en gran parte de nuestra fortaleza emocional. Los pensamientos negativos, la falta de perdón y la ansiedad traen consigo una neblina de abatimiento y cansancio crónico. No tenemos por qué vivir de esa manera. En Romanos 12:2 se nos recuerda que la renovación de la mente produce una transformación. Esa transformación no es un suceso único; es un estilo de vida, una decisión diaria de confiar en Jesús y seguir su ejemplo.


Cuando llegamos a la edad adulta, nuestros esquemas mentales y la imagen que tenemos de nosotros mismos están bien establecidos. Los años de reprogramación para eliminar los pensamientos y los estilos de conducta negativos nos pueden parecer una tarea insuperable. Sin embargo, para Dios no hay nada imposible. Él quiere que sus hijos sufran menos estrés, ansiedad y depresión, y tengan más esperanza, energía y paz.


Cuando andamos más lento y prestamos atención a la vida, podemos evaluar nuestros procesos mentales, esas experiencias de conocimiento que nos llevan a conclusiones particulares. Entonces podemos examinarlas a través de las verdades de la Palabra de Dios y la realidad de nuestras circunstancias. A veces es beneficioso que hablemos con alguien que nos ofrezca comentarios útiles; este alguien puede ser un miembro de nuestra familia o un amigo de confianza. Si fuera necesario, no dudemos en buscar ayuda profesional. 


¿Cómo podemos cambiar lo que no conocemos, y cómo decidimos dónde comenzar? Tenga en cuenta cuatro aspectos de las decisiones para una vida emocionalmente saludable. Durante el curso de un año, nos propusimos decidir entre dos maneras opuestas de vivir la vida.


Perdón o rencor. Jesús nos dio el mejor ejemplo de perdón en la cruz, cuando le pidió al Padre que perdonara a quienes lo habían crucificado (Lucas 23:34).


No es posible que volvamos al pasado para deshacer los sufrimientos que hemos causado, o las injusticias y traiciones que hemos sufrido por causa de otros. Sin embargo, sí podemos tomar la decisión de perdonar. También debemos aprender a no confundir el perdón con la confianza. No tenemos que exponernos a una situación de tal inestabilidad, y es posible que no olvidemos los sufrimientos. Sin embargo, los sucesos que nos han herido, se pueden convertir en parte de la historia de nuestra vida, sin la amargura que en un momento sentimos al recordar.


Así como perdonamos a los demás, debemos aprender a perdonarnos nosotros mismos. Si tomamos la decisión de aprender de nuestros propios errores y nos negamos a rumiar los «si yo» y los «si yo no», tendremos para con nosotros mismos la compasión que estamos dispuestos a mostrar a los demás. El hecho de dejar que la gracia de Dios fluya en nuestro interior nos permitirá movernos con libertad y seguridad, en vez de quedarnos atascados en el pasado.


Verdad o mentira. Para enfrentar la verdad y la realidad de cualquier situación, es necesario que venzamos la crítica que llevamos dentro. Si no desafiamos esos pensamientos negativos que surgen de manera automática, constantemente despertarán en nosotros el remordimiento por situaciones pasadas; nos robarán el gozo del presente y nos despojarán de toda esperanza para el futuro. Nos dejarán con una actitud fatalista y pesimista que definirá nuestra percepción de la realidad. El hecho de reconocer los pensamientos negativos (por ejemplo: nunca hago lo que debo, soy un fracasado o nadie me ama) de lo que es la realidad, nos ayuda a examinar los hechos con objetividad y claridad. Esto es lo que necesitamos para tomar decisiones sabias y saludables.


También debemos cuidarnos de suponer cosas que no vemos ni sabemos. Si atribuimos una cierta motivación a la conducta de otras personas o suponemos que hemos entendido su punto de vista nos desvíamos en nuestra búsqueda de la verdad.


Razón o emoción. Las emociones solas no nos bastan para decidir cuán acertada es una idea. Aunque nos informen de la presencia de algún desequilibrio, debemos examinar nuestros pensamientos hasta llegar a la raíz para decidir hasta qué punto es precisa la conclusión. Una vez que lo hemos hecho, podremos filtrar esos pensamientos, y distinguir entre realidad y engaño, para realmente enfrentar la verdad.

Hay emociones como el temor, la vergüenza, las dudas y la ansiedad que nos pueden llevar a creencias irracionales en relación con nosotros mismos. Al comparar esas creencias con la Palabra de Dios, la verdad en nuestras circunstancias y en los comentarios de otros, propiciaremos un ángulo emocional más saludable desde donde enfocar la vida.


Positivo o negativo. Filipenses 4:8 le sirve de fundamento a una sencilla práctica destinada a cambiar la negatividad personal a una apreciación más positiva de la vida. Si sedicamos tiempo a pensar en la bondad de Dios—como la lista que podemos escribir al final del día de tres cosas por las cuales le estamos agradecidos—, fomentaremos una actitud de agradecimiento que debilitará esos pensamientos destructivos que nada aportan.


Por ser seguidores de Cristo, no debemos basar nuestra conducta en lo que sentimos, en nuestras circunstancias o en nuestra interacción con los demás. Nuestras emociones y nuestros deseos proceden de nuestro pensamiento, y es necesario que este proceso mental se renueve día tras día con la dirección y la poderosa ayuda del Espíritu Santo. Aunque esto sea una perogrullada, lo cierto es que si cambiamos nuestra manera de pensar, cambiaremos nuestra vida.

 

El aspecto relacional

Aunque Jesús ministró a las multitudes, y también a las personas de manera individual, buscó sus relaciones más cercanas dentro de un círculo de amigos. Sus momentos más íntimos, y algunos de sus conflictos más intensos, se produjeron dentro de ese círculo. Aunque los ministros destacamos con frecuencia la importancia de la comunidad, a veces somos los peores a la hora de ser consecuentes en este aspecto de la vida espiritual. 


La ordenanza de la Cena del Señor establece e ilustra la importancia de la relación con Dios y la relación entre los creyentes, al hacernos recordar el sacrificio de Cristo y al mismo tiempo mirar al futuro como miembros de su Iglesia. De la misma manera que reconocemos nuestra fe como comunidad de creyentes en la Cena del Señor, también cada uno de nosotros debe vivir su fe ante la comunidad.

Cuando Pablo le habló a los Gálatas (6:2) de «sobrellevar los unos la carga de los otros», se refería a situaciones que Dios nunca tuvo la intención de que una persona soportara sola. A veces, Dios permite que se desarrollen en nuestra vida ciertas circunstancias que no estamos preparados para enfrentar por nuestra propia cuenta y riesgo. En esos tiempos, los miembros de nuestra comunidad nos acompañan en nuestro camino, y nos ayudan a llevar la carga hasta que ya no sea necesario. 


Para un ministro, la comunidad puede ser algo delicado. Aunque la iglesia local ofrece una atmósfera de comunidad, los ministros también debemos crear relaciones de responsabilidad mutua y confianza fuera de la congregación. He aquí algunas preguntas que debemos consideerar al buscar comunidad:

  ¿Me proporciona esta comunidad una red de seguridad a mí y a mis seres amados, un lugar de amor donde podremos encontrar amparo en medio de las tormentas?

  ¿Me ofrece esta comunidad la oportunidad de rendir cuentas de mi vida?

  ¿Permito que los miembros de mi comunidad me hablen con sinceridad acerca de los aspectos más desafiantes de mi vida y mi ministerio, y permiten ellos que yo haga lo mismo?

  ¿Es la confidencialidad algo que mi comunidad respeta?


Además de contribuir a la longevidad, el hecho de encontrar una comunidad saludable y mantenernos como parte de ella podría ser un factor clave en nuestra renovación personal.

 

El aspecto físico

Si nuestro cuerpo es morada del Espíritu Santo, ¿acaso no deberíamos cuidarlo de una manera que glorifique a Dios y nos motive al crecimiento y la renovación personal? Los eruditos han calculado que durante su ministerio Jesús caminaba un promedio de treinta y cuarenta kilómetros cada día. Su capacidad para mantener este ritmo nos dice que Él cuidaba de su salud.


Una salud física es deficiente puede afectar la mente y el espíritu. El sueño, el ejercicio y la alimentación son los tres elementos básicos para la salud física.


La mayoría de los adultos necesitan entre siete y nueve horas de sueño. Los estudios señalan que la privación del sueño puede llevar a un mal rendimiento en las tareas mentales complejas. La falta de sueño también puede causar un aumento en el peso. Es importante que aprendamos a desconectarnos antes de ir a dormir. Leer un libro puede ayudar a calmar la mente y el cuerpo y preparlo para el sueño, a diferencia de la atención que prestamos a los medios sociales o la televisión. Los efectos que tienen sobre el sueño la dieta y el consumo de cafeína varían de una persona a otra, de manera que debemos conocer nuestro cuerpo y lo que nos ayuda a relajarnos y conciliar el sueño.


Lo siguiente es la dieta, la cual no afecta solamente el peso. Los alimentos que escogemos pueden afectar nuestro sueño, nuestro ánimo, el nivel de energía y la salud en general. Una dieta saludable también puede tener un efecto positivo en las disciplinas espirituales. Nos es más fácil centrarnos en la oración, el estudio de la Biblia y el ministerio cuando no nos sentimos débiles o enfermos. Es esencial que entendamos las pautas básicas de una buena dieta. Hay portales de la web y aplicaciones para teléfonos inteligentes como MyFitnessPal que pueden ser valiosas herramientas.


La actividad física también es importante. Hay quienes rechazan la idea de que se necesite ejercicio, citando a Pablo en 1 Timoteo 4:8: «El ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha».


Obviamente, la búsqueda de la justicia es la prioridad antes que la buena condición física. Sin embargo, esto no significa que Pablo y Timoteo llevaran una vida sedentaria. De hecho, la vida en el siglo primero exigía un nivel de ejercicio que no es esencial en los Estados Unidos del siglo veintiuno. Es lamentable que hoy en día haya tantas personas que no incluyan el ejercicio físico intencionado como una de las ocupaciones importantes de la vida.


Como sucede con las costumbres en cuanto al sueño y la dieta, no hay un plan para el bienestar físico que se pueda aplicar a todas las personas. En cuanto a aquellos que han sido bendecidos con una buena condición física para el ejercicio básico, Brandon Newman, misionero de las Asambleas de Dios y consultor de bienestar personal, recomienda incorporar a las actividades diarias por lo menos ciento cincuenta minutos de ejercicio aeróbico moderado (caminata a paso rápido) o setenta y cinco minutos de ejercicio intenso (correr) cada semana.


«Este hábito ayudará a controlar el apetito, a mejorar el ánimo y a desarrollar mejores hábitos para dormir, además de reducir los riesgos de enfermedades del corazón, apoplejías, diabetes, deterioro de las facultades mentales, depresión y muchas formas de cáncer», afirma Newman.

 

Conclusión

Aunque con frecuencia pensamos en la renovación personal en función de momentos dramáticos que nos acercan más a la Cruz, generalmente son las disciplinas diarias, tanto espirituales como mentales, relacionales y físicas, las que allanan el camino para una salud renovada. Independientemente de lo que nos depare este año, si hacemos un inventario de estos aspectos de nuestra vida, fijamos nuestras metas en oración y deliberadamente decidimos que nos mantendremos fieles a ellos, notaremos un marcado cambio en nuestra salud en general, al mismo tiempo que nos preparará para experimentar la renovación que tanto anhelamos.


Butch y Pam Frey
han sido misioneros de las Asambleas de Dios durante más de treinta años, veinte de los cuales estuvieron dedicados a ministrar en México. Butch sirve en la actualidad como coordinador de la atención a los miembros de las Misiones Mundiales de las AD, y Pam sirve como consultora de la atención a los misioneros. La labor de ambos conlleva la intervención en las crisis, la adaptación a las transiciones y muchas otras facetas de la vida de los misioneros.



Este artículo apareció por primera vez en la revista Influence Magazine edición January/February 2018. Usado con permiso.


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Súplica por un pastor encarcelado

Tue, 15 Aug 2017 - 12:40 PM CST
















ANAHEIM, California - Los oficiales de las Asambleas de Dios continúan en busca de la liberación de un pastor inmigrante que ha estado encarcelado desde el 24 de julio y enfrenta la deportación.

Noé Carias de cuarenta y dos años y de origen guatemalteco es pastor en una iglesia AD en Los Ángeles. Él ha vivido en los Estados Unidos el último cuarto de siglo. Su esposa, Victoria, nacida en California con quien ha estado casado catorce años, es una ciudadana estadounidense, al igual que los dos hijos de la pareja, Nylah, y Abraham de seis y cinco años respectivamente.

«Mi esposo no es una amenaza», dijo Victoria a PE News el viernes. «Él ama este país y cree en protegerlo».

Victoria y Noé se conocieron cuando eran adolescentes en una iglesia de las Asambleas en Los Angeles. Noé se convirtió a Cristo a la edad de 17 años.

Hace seis años, Noé y Victoria comenzaron la Iglesia Pentecostal Cristo la Roca de Poder Asambleas de Dios en el salón de su casa en Los Ángeles. La iglesia ha crecido a setenta y cinco asistentes, y ahora alquila un espacio comercial. Noé ha tomado cursos a través de la escuela bíblica del Distrito Pacífico Sur de las AD.

Victoria dice que cuando ella y Noé se casaron, buscaron consejo legal sobre el caso de él para que se hiciera ciudadano de los Estados Unidos. Sin embargo, el camino parecía inverosímil. Los abogados les dijeron que Noé tendría que abandonar el país durante una década antes de que se le permitiera regresar para obtener un estatus legal permanente.

Finalmente, hace dos años, cansado de vivir con miedo, Noé inició el proceso de ciudadanía. Obtuvo un permiso de trabajo y obtuvo un número de Seguro Social. Posteriormente, en 2015 y 2016, el gobierno le concedió estancias de remoción.

Pero el mes pasado funcionarios federales negaron su petición de renovación para una suspensión de la remoción, lo que resultó en su detención, y la posible deportación.

Los funcionarios de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos (ICE, por su sigla en inglés) sostienen que Carias es un infractor reiterado de inmigración que ha asumido múltiples identidades y nacionalidades en el pasado para evadir la aplicación de la ley de inmigración.

Carias sostiene que el subterfugio surgió de su deseo de localizar a sus padres. Afirma que fue secuestrado por guerrilleros en Guatemala cuando tenía siete años, y que permaneció cautivo hasta que escapó a la edad de doce años. Mientras tanto, sus padres, al creer que su hijo había sido asesinado, huyeron a México.

Eventualmente, Carias encontró a sus padres en México. Él ingresó inicialmente a los Estados Unidos a la edad de 13 años como trabajador indocumentado buscando un mejor futuro financiero. Regresó a los Estados Unidos después de ser deportado a México dos veces cuando era un adolescente. La orden de deportación actual tiene su origen en 1995, cuando Carias tenía 20 años.

Carias tiene pendientes mociones legales para retirar sus órdenes de deportación, así como una moción para reabrir el caso.

ESFUERZOS DE LAS ASAMBLEAS DE DIOS


El superintendente general de los Estados Unidos, George O. Wood, ha estado en contacto con funcionarios de la Casa Blanca para buscar la liberación del pastor.

En una carta enviada el día después de la detención de Noé, Wood dejó claro que él ve el caso como un asunto de justicia y moral.

«Esta es una situación injusta», escribió Wood. «También traiciona lo que el presidente ha dicho sobre ir tras criminales que están aquí ilegalmente. Este pastor está tan lejos de ser un criminal como cualquiera puede estarlo».

Wood encuentra que es absurda la intención de ICE de deportar a un pastor que ha vivido en el país durante veinticinco años, está casado con una ciudadana estadounidense, y que tiene dos hijos nacidos en los Estados Unidos. Wood sugirió que tiene poco sentido que la administración desafíe una base que está alineada con tantos problemas pro-vida y pro-familia.

«La administración está arriesgando una erosión seria, si no pérdida completa, del apoyo de creyentes evangélicos de habla hispana», continuó Wood. «Es este tipo de deportación irracional, insensible e injusta lo que enfurece y aliena a los evangélicos de habla hispana».

El tema surgió el jueves por la tarde en una sesión de negocios del Concilio General, cuando se celebraba la convención nacional bienal en Anaheim. Wood dijo a los delegados que el presidente no está promoviendo los valores familiares deportando a un esposo no violento de su esposa ciudadana estadounidense.

«Imploro a esta administración que tenga en cuenta las circunstancias especiales que rodean el caso del pastor Noé Carias y conceda una suspensión de la deportación para que permanezca con su esposa e hijos y continúe siendo una voz de esperanza en Los Ángeles», dijo Wood.

Casi trescientos presbíteros generales de la AD oraron por Vicky Carias después de que el superintendente del Distrito del Pacífico Sur Sergio Navarrete la invitó a reunirse con ellos la semana pasada.

El mes pasado, Navarrete envió una carta a los funcionarios de ICE en Los Ángeles, afirmando que Carias es un pastor en buen estado, y ha sido un cristiano fiel y dedicado durante veinticinco años.

«Él ha demostrado ser muy confiable y sirve como un gran modelo a seguir», escribió Navarrete.

Todos los catorce superintendentes hispanos de los Estados Unidos han instado a Wood a intervenir en nombre de Carias. Las Asambleas de Dios de Estados Unidos tiene casi 750.000 adherentes hispanos, o el veintidós por ciento de los asistentes generales de la confraternidad. En 2006, el Presbiterio Ejecutivo adoptó una declaración oficial sobre la inmigración.

Al comienzo de la sesión de negocios del viernes por la mañana, Wood presentó a Victoria, Nylah y Abraham Carias a los asistentes.

«Son el rostro de lo que está sucediendo a muchas de nuestras familias en este país», dijo Wood.

Victoria ha estado confiando en las ofrendas de amor para sobrevivir. Sin embargo, Wood, después de una breve consulta con el tesorero general Douglas Doug Clay, anunció en la reunión de negocios del viernes que la fraternidad donaría $ 10.000 a la familia Carias. Victoria se secó las lágrimas ante las noticias.

Además, los asistentes a la sesión de negocios tomaron una ofrenda. Los contribuyentes también pueden ofrendar en línea o en la aplicación GC17 enviando un mensaje de texto a «Carias» al 95577.

Los delegados de la convención también elaboraron una resolución de emergencia unánime para enviarla a la Casa Blanca, solicitando la liberación de Carias del encarcelamiento y pidiendo que se le otorgue la residencia legal.

Wood dijo a PE News que durante sus últimos días como superintendente general, su mandato termina en octubre, continuará aumentando los esfuerzos para la liberación del pastor.

DESGASTE EMOCIONAL

Victoria Carias y los niños pueden ver a Noé detrás de las rejas en el Centro de Detención de Adelanto periódicamente, con el contacto físico limitado a un abrazo y beso al inicio y al final de las visitas.

«Para mis hijos es emocionalmente difícil», dijo Victoria a PE News el viernes. «Necesitan la presencia de su padre en casa». Nylah se acurrucó con un animal de peluche en miniatura y Abraham jugó con un tractor de plástico durante la entrevista.

«Sólo queremos continuar nuestro trabajo en la iglesia», dice Victoria. «Esa ha sido toda nuestra vida juntos».

Mary Duong, de Clergy & Laity United for Economic Justice de Los Ángeles, ha estado activamente abogando por la familia Carias. Duong, cuyo padre es el superintendente de las Asambleas de Dios de Vietnam, ha sido uno de los muchos socios que ayudan a crear conciencia del estatus de Carias. SoCal Matthew 25 ha estado liderando estos esfuerzos.

Las congregaciones individuales en el Distrito del Pacífico Sur se han comprometido a apoyar a la familia Carias de manera práctica durante treinta y cinco semanas sucesivas. Navarrete dice que Carias comenzó clases bíblicas en detención, y catorce personas han aceptado a Jesús como Salvador como resultado a sus clases.



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Authors: John W. Kennedy