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¡Él está loco!
Eso fue lo que Nancy Forrases, de 72 años de edad, pensó cuando vio a su marido Pete, de 77 años, diagnosticado con cáncer de páncreas, que cruzaba corriendo hacia ella en el estacionamiento del almacén de abarrotes.

«Pensé que seguramente él vendría hasta donde yo estaba y colapsaría», cuenta Nancy, pero no fue así, ya que por alguna razón desconocida para ella o para Pete en ese momento, Dios lo había sanado a él muy temprano aquella mañana.

Los Forrases han asistido a Tullahoma First Assembly of God [Primera Asamblea de Dios en Tullahoma], en el estado de Tennesse, durante los últimos trece años, y antes habían sido miembros de una iglesia de las Asambleas de Dios en Renton, Washington, por muchos años.

Siempre activo y en movimiento, Pete posee una «dinámica» personalidad. Pero a principios de 2017, comenzó a luchar. La fatiga y el dolor se convirtieron en compañeros constantes.

«Él ya no tenía energía en lo absoluto. Aun cuando no hiciera nada, estaba totalmente agotado. Viajábamos regularmente a Washington para ver a nuestros hijos, pero ni siquiera podíamos hacer eso», cuenta Nancy y agrega con una pequeña sonrisa: «Sé que él está realmente enfermo cuando me pregunta si puedo conducir, pues sabe que no me gusta hacerlo».

Cuando tuvo problemas para orinar, Pete finalmente decidió ir al doctor, quien le realizó un examen de próstata. Este examen reveló que las arterias hacia los riñones estaban encogidas u obstruidas. Esto también reveló algo mucho más serio: tres tumores en el páncreas, cuyo tamaño oscilaba entre los 8 y 14 milímetros. Una biopsia confirmó que tenía cáncer de páncreas.

El cáncer de páncreas es un asesino que no tiene favoritismos: la radiación y la quimioterapia son ineficaces y ninguna cantidad de dinero o conocimiento médico actual ofrecen una «cura mágica». Personas con fama y fortuna han sucumbido ante este mal, entre estas el cofundador de Apple, Steve Jobs, el actor Patrick Swayze, el actor Alan Rickman, la estrella de opera Luciano Pavarotti, el músico Henry Mancini, y un sinnúmero más. «Es lo peor que te podría suceder», dice Pete, «cuando te diagnostican con esto, no hay duda de que significa que estás acabado».

Para algunos, la cirugía sería el mejor intento para alargar la vida; pero no para Pete, pues debido también a una afección cardiaca, esta opción no era viable. Los médicos le dijeron que no podría sobrevivir a una operación de entre ocho y diez horas.

Los Forrases se volcaron hacia la oración. Nancy corrió la voz a través de las redes sociales, y ambos contactaron a amigos en Tullahoma, Renton, y a todo lo largo y ancho del país para hacer oración.

«Le dijimos a todos aquellos que conocíamos y a todas las iglesias a las que habíamos asistido: mucha gente estaba orando. En la Asamblea de Dios de Tullahoma, las personas oraron hasta dolerse. . . cuando la gente ora así, el Señor escucha», expresa Pete.

A pesar de las oraciones, la salud de Pete continuó empeorando. «Me sentía tan mal que ya no podía seguir orando. Todo lo que podía decir era: “Te alabo Señor, bendíceme Señor”», reconoce Pete. Aun así, Dios confirmó su presencia. «Todo el tiempo escuchaba canciones cristianas en mi cabeza. Fueron tan claras que pensé que la radio estaba encendida en la habitación contigua, pero no era así. Creo que fue el Señor quien me hizo saber que estaba conmigo».

«A Pete le encanta viajar, pero cuando enfermó, dejó de hacerlo y también dejó de ir a la iglesia con frecuencia», dice Ron Forrester, quien ha sido pastor de Tullahoma First Assembly of God [Primera Asamblea de Dios en Tullahoma] durante 18 años. «Se estaban preparando para el momento de su muerte, familiares y amigos estaban de visita y hacían un inventario de las cosas de su casa».

Pero Dios no estaba listo para el «inventario». Hacia finales de octubre, Pete tuvo que ser trasladado a emergencias médicas con otro problema y donde le fueron tomados unos rayos X.

Posterior a las pruebas, Nancy tuvo que detenerse en la tienda de abarrotes. Dejó a Pete en el coche, sabiendo que estaba demasiado débil para caminar.

«Mientras ella caminaba por el estacionamiento, de repente yo tuve este pensamiento: Dios mío, yo no quiero quedarme sentado aquí», recuerda Pete. «Así que salí del auto y corrí por el estacionamiento para alcanzar a mi esposa, y después anduve por toda la tienda con ella, ¡me sentía como niño con zapatos nuevos!».

Cuando Nancy le preguntó acerca de ese momento, Pete respondió: «¡No puedo creerlo, pero me siento bien!».

Comenzó a recuperar la energía y ese dinamismo en su manera de caminar.

Una semana después, recibieron los resultados de las pruebas clínicas. Los tumores aparentemente habían desaparecido.

En un principio, Nancy estaba dudosa en creer que Pete estuviera sano, porque ella antes había orado por otras personas con cáncer pero no habían sanado en esta tierra. «Me pareció demasiado bueno e increíble», pensó.

A todo esto, siguió un viaje al oncólogo, que incluyó una radiografía mejorada. Las pruebas confirmaron el hallazgo inicial: ¡no había tumores, no había cáncer de páncreas, y las arterias estaban funcionando a la perfección!

Poco después, Pete fue a ver a su doctor. Él había recibido todos los estudios, pruebas y exámenes. «Me miró y dijo: “Pete, no hicimos nada por ti, el Señor te sanó”».

Forrester hizo eco de lo que el doctor había dicho: «Esto es un completo milagro», dijo, «esto debe ser cosa de Dios porque no hay razón médica para qué él esté bien».

Desde aquel momento, Pete ha hablado a toda persona que quiera escuchar, y aun a quienes no, acerca de cómo Dios lo sanó. «El médico que me hizo la prueba en el estómago para diagnosticar el cáncer, casi reconoció que hubo un milagro, pero solo dijo: “A veces suceden cosas como éstas”. Entonces, lo miré y le dije: “Tú sabes que esto no es así”. Solo me miró y sonrió».

Pete dice que su testimonio se ha difundido a través de las redes sociales, y cree que, por lo menos, está poniendo una semilla de fe en la vida de las personas, al establecer que: «¡Nadie puede negar lo que Dios ha hecho en mi vida!».



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El Dios de sus estaciones

Mon, 17 Apr 2017 - 4:01 PM CST
















El padre de Emilio de la Cruz le hizo una pegunta para que eligiera. El niño de ocho años debía elegir si quería permanecer en el hogar familiar en Rupert, Idaho, con su madre, María o quería acompañar a su padre, Raúl, quien se estaba mudando.

La decisión de permanecer con su madre cuando se divorciaron sus padres fue desastrosa desde el mismo inicio, debido al desfile de figuras masculinas alcohólicas y violentas que vinieron al hogar. A la edad de doce años, Emilio comenzó a tomar drogas, lo que conllevó a su propio estilo de vida relacionado con el crimen y la violencia, así como sus estancias en la cárcel juvenil.

En un altercado con un amigo de diecisiete años, se disparó una escopeta, y la policía arrestó a Emilio. La hermana mayor de Emilio pudo haberle pagado la fianza, pero decidió dejarlo en la cárcel. María se parqueó fuera de la cárcel durante semanas, para orar durante su horario de almuerzo. Emilio comenzó a leer una Biblia en su celda.

Las verdades de las Escrituras no calaron profundamente en Emilio. Él intentó negociar con Dios prometiendo dejar las drogas duras, y solo quedarse con la marihuana, si el Señor lo libraba de esta. Sin embargo, De La Cruz, fue acusado como adulto, y recibió una probación en vez de servir tiempo de cárcel.

Él aceptó la invitación de una novia para asistir a una iglesia de las Asambleas de Dios de habla hispana. De La Cruz entró al culto cuando entró a la iglesia. Él nunca había escuchado del Cristo del que el predicador hablaba. Pero se dio cuenta de que había cambiado algo dentro de él.

«Desde ese momento, en ese entonces no lo reconocí como el toque del Espíritu Santo, perdí todo el deseo de usar drogas y de tomar», recuerda De La Cruz.

De La Cruz regresó la próxima semana a la iglesia por sí mismo, y después de un llamado al altar rindió su vida a Jesús. Una semana más tarde fue bautizado por el Espíritu Santo en el altar.

Casi de inmediato, De La Cruz sintió un llamado a ministrar. Él asistió la universidad Southern Arizona Bible College y se hizo evangelista de las Asambleas de Dios. Después de contraer matrimonio con su esposa Elvira, De La Cruz pasó catorce años pastoreando una iglesia mexicana, Centro Cristiano, en Manson, Washington. Durante su permanencia allí Centro Cristiano fundó cinco congregaciones.

De La Cruz se mudó a Avondale, Arizona en el 2000 y comenzó una iglesia mexicana con diez personas. Emilio y Elvira vivieron junto a sus dos hijas durante cuatro meses Jennifer y Emily, dependiendo de fondos ahorrados para sobrevivir. La iglesia New Life Covenant tiene en la actualidad doscientos cincuenta asistentes regulares.

Los asistentes son en su mayoría hispanos, y algunos afroamericanos y blancos. De La Cruz lidera un servicio en inglés a las 9:30 a.m. y otro en español a las 11:30.

La congregación incluye algunos ex drogadictos y ex miembros de pandillas, algunos de ellos han pasado por un programa de discipulado que comenzó Carlton Pageant hace seis años. En la propiedad de la iglesia tiene una casa residencial. La casa ayuda a nueve hombres que recién han sido liberados de la prisión, o de cárceles de transición e idealmente se convierten en miembros productivos de la sociedad.

«Intentamos ponerlos de regreso en el mercado laboral, de regreso a sus familias, de regreso a valerse por sí mismos», dice Pageant, una afroamericano de sesenta y dos años que luchó con las drogas y vivió en las calles durante años. «Queremos asegurarnos que ellos estén sólidos».

La casa de rehabilitación incluye estudios cristianos basados en la Biblia y servicios de la iglesia diseñados para darle propósito a la vida. Hace un cuarto de siglo, Pageant se graduó de un programa de discipulado residencial similar patrocinado por Dream City Church y que se llamaba Church on the Street [La Iglesia en la calle].

De La Cruz tiene un corazón por este tipo de hombres. Durante su juventud, De La Cruz despreció a sus padres, ambos nacidos en México. Pero Dios lo sanó de su odio. Después de no ver a su padre Raúl durante veintidós años De La Cruz lo buscó. Hace cuatro años que llevó a su padre a los pies de Cristo a la edad de ochenta y dos años. Él bautizó a su madre, María a la edad de ochenta y tres años.

En la actualidad De La Cruz que cumple sesenta años el 17 de abril, es también superintendente de las AD en el Distrito suroeste hispano, del que forma parte Arizona. La iglesia New Life Covenant fundó recientemente a cuatro iglesias en Arizona con pastores cubanos.

De La Cruz ha publicado tres libros incluido Liderando con visión y Amor en alta voz y un tercero en inglés God of my seasons (Dios de mis estaciones).



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Authors: John W. Kennedy