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WILMINGTON, California, las disparidades económicas de los Estados Unidos son muy evidentes en esta comunidad industrial de California del Sur, localizada en la vía del Océano Pacífico y el Puerto de Los Ángeles.

Los jóvenes con solo una educación de Escuela Superior pueden dirigir a empleados que tienen salarios de seis cifras, que trabajan en las refinerías o que pertenecen a (uniones) sindicatos. Sin embargo, a las afueras de la Primera Iglesia Asambleas de Dios de Wilmington, hay personas sin hogar, con carritos de compra llenos de sus pertenencias.

La iglesia posee valiosos activos en propiedades en tres esquinas de una intersección en la costosa zona del Sur de California. Una prospera propiedad de enseñanza pre-escolar operada por la iglesia con 75 niños matriculados. Un kindergartner cristiano hasta octavo grado, está localizado al frente de la propiedad. La matrícula ha disminuido a 50 niños debido a la dificultad que tienen los padres para completar los pagos, además de la competencia de las escuelas Charters.

El pastor Adam De La Vega, cuyos abuelos emigraron a los Estados Unidos desde México, ha sido el pastor principal de la Primera Iglesia Asambleas de Dios de Wilmington, desde el 2009. Desde entonces, la población hispana ha crecido aún más, con nuevas llegadas desde Centro y Sur América que han reemplazado las vacantes dejadas por los anglosajones. Hoy estimamos que un 87% de la población es latina y solo 6% es caucásica.

De La Vega, quien no habla español, dice que la iglesia de 130 asistentes frecuentes está comenzando a traer jóvenes adultos que desean asimilar la cultura norteamericana.

El pastor De La Vega indica, «estamos tratando de alcanzar la comunidad de primeras y segundas generaciones hispanas», «ellos desean el inglés».

Durante el año 2016, la Primera Iglesia Asambleas de Dios de Wilmington fue anfitriona de las reuniones Semestrales del programa de Hechos 2, dirigidas por el Asistente al superintendente general, el Rvdo. Alton Garrison. La iniciativa de transformación de iglesias, está designada para ayudar a los líderes de las congregaciones, a retornar a nuestra raíz enfatizando la Misión, Visión y Valores de nuestras iglesias mientras creamos un plan estratégico de convertirnos en un cuerpo firmemente establecido por el poder del Espíritu.

De La Vega, (48 años), invitó a 8 mileniales para ser parte de la Visión de Hechos 2. «Queremos establecer un lugar donde las personas de la comunidad puedan venir para aplicar la verdad espiritual a su vida diaria». De La Vega dice: «esta es una comunidad fuerte con mucha gente muriendo muy joven».

De La Vega conoce personalmente de la situación, ya que él fue un desertor escolar, alcohólico y drogadicto.

«Estaba bastante mal» dice De La Vega. «Yo entraba y salía de la cárcel».

De La Vega comenzó a cambiar, luego de entrar al Hogar de Discipulado para Hombres de L.A. Luego se graduó y obtuvo un grado en Negocios y Manejo de Empresas, luego obtuvo una Maestría en Teología en Vanguard University. Conoció a su esposa, Andrea, en el Vanguard University. Ella es maestra de niños con necesidades especiales de las Escuelas Unificadas del Distrito de L.A.

El área de Wilmington se ha deteriorado con un aumento en el número de robos y asesinatos mientras él trabajaba en la iglesia. A unos tres kilómetros de distancia, los jóvenes consiguen empleos con altos salarios en el puerto de Los Ángeles, lo que ocasiona que obtengan dinero para gastar en vehículos exuberantes y juegos de alta tecnología. La Iglesia ha comenzado a ofrecer clases universitarias para el manejo correcto de las finanzas.

Jimmy Gómez, cuyos padres son de Nicaragua, creció familiarizado con la violencia de las pandillas, mientras asistía a First InnerCity de las Asambleas de Dios en Los Ángeles, antes de convertirse en el pastor de jóvenes de Primera Iglesia Asambleas de Dios de Wilmington en el 2012.

«Vivimos en una cultura donde los jóvenes son empujados a diferentes direcciones» dice Gómez, joven de 30 años, cuya oficina está decorada con figuras de Star Wars y el Capitán América.

«Nosotros los tenemos 90 minutos a la semana». En realidad, ¿cómo podemos tener un impacto en ellos? «Solo el encuentro con Dios puede transformarlos y hacerles seguidores de Jesús».

Imagen Pastor Adam De LA Vega (Izq) y el pastor de jóvenes Jimmy Goméz



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Una sanadora herida en medio de una sombría comunidad

Mon, 12 Dec 2016 - 10:37 AM CST
















Los problemas que enfrentan los habitantes de Guaynabo, un suburbio de San Juan, capital de Puerto Rico, son similares a los de casi cualquier metrópolis mundial: delincuencia, pobreza, personas sin techo, madres solteras, violencia doméstica, la omnipresencia de drogas y alcohol. Y la próxima generación preparada para repetir el ciclo.

Más allá del deterioro urbano, la comunidad obrera en la costa norte de Puerto Rico se enfrenta a la amenaza de los huracanes. Eso también hace que la región sea vulnerable a los tsunamis, una amenaza que aunque remota, es real.

Isabel López López, de 70 años, creció en esta comunidad y conoce sus habitantes y a sus necesidades. Ella es una madre soltera, aún vive en Guaynabo con Félix Luis, su hijo adulto con necesidades especiales, cerca de un proyecto de viviendas sociales conocidas por ser el epicentro de la delincuencia y la drogadicción. Después de retirarse hace 22 años de su trabajo con la facultad del programa de patología lingüística en el campus de ciencias médicas de la Universidad de Puerto Rico, buscó un medio para invertir en Guaynabo a través de su iglesia, Templo Smirna, que es una de las más antiguas congregaciones de Dios en la isla.

López se convirtió en un ministro licenciado de las AD. Como capellana comunitaria de Misiones E.U.A. para el Distrito de Puerto Rico, hoy ella sirve a la ciudad y sus alrededores. También trabaja en la División de Misiones de su distrito.

«Se necesita compasión y esmero para ser capellán comunitario», dice Manny Cordero, director de los Ministerios de Capellanía. Él describe a López como una «sanadora herida».

«Ella ha tenido pasión por los desfavorecidos, los marginados, las personas que han sido heridas de varias manera, los miembros de las familias que cuidan a las personas con necesidades», dice Cordero. «Debido a lo que ha vivido, el Señor ha usado esta experiencia para ministrar a través de ella a la comunidad. Ella ha sido una luz en la oscuridad en esta difícil comunidad».

Los capellanes comunitarios son relativamente nuevos en las Asambleas de Dios de los Estados Unidos. Como ministros con credenciales, trabajan con los proveedores de servicios en su comunidad, los oficiales de policía, los bomberos, en los tribunales, con el servicio de ambulancia, en los entornos corporativos, en el mercado. La capellanía comunitaria se adapta a las necesidades de un lugar determinado. A través de Templo Smirna, López está activa en la preparándose para las emergencias en caso de ocurrir un desastre.

«Mi meta es predicar la Palabra y traer ayuda a los más necesitados», dice López.

Su ministerio de capellanía durante los últimos cinco años ha incluido una variedad de actividades en Guaynabo y otros lugares, desde la predicación en la calle con otros de su iglesia, hasta la realización de la Santa Cena con personas confinadas en sus hogares. Su servicio como capellana comenzó con el ministerio en el Hogar El Refugio, un refugio para mujeres en Guaynabo. Ella dirige los estudios bíblicos de las mujeres y es una parte regular del evangelismo a los residentes ancianos que viven en viviendas de bajos ingresos. A veces eso implica llevar comida para el hambriento y ropa a los necesitados.

En la comunidad en general, quizás la mayor fortaleza que enfrenta López es la adicción. Los residentes en los proyectos de vivienda, incluso aquellos que no son cristianos, la consideran como su «pastorcita». Conocen su número de teléfono y vienen a ella para solicitar servicios sociales, preguntas espirituales y necesidades de oración.

«Algunos no aceptan al Señor, porque están arraigados al vicio», dice López. «Pero el pueblo siempre está abierto a la oración». Como resultado, muchos han llegado a la fe en Cristo y participan en la iglesia.

«Poder salvar almas para Cristo, que están al borde de la muerte, me llena de mucha gratitud a Dios», dice López. «El tiempo que me queda en este mundo será definitivamente para servir a Dios y a los necesitados».


IMAGEN: López ministra a muchas personas de su comunidad, entre ellos a esta madre soltera.



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Authors: Deann Alford