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Todos saben bien que el papel de las mujeres dentro de la familia, el lugar de trabajo, la política e incontables instituciones y circunstancias más ha cambiado de manera drástica en las décadas recientes. No es de sorprenderse que también esté cambiando la manera en que las mujeres se relacionan con la iglesia.

Este fenómeno es resaltado por un reporte investigativo del Grupo Barna que presenta los hallazgos de diversos estudios realizados entre 1993 y 2015. Este reporte afirma que el año pasado, cuatro de cada diez mujeres de los Estados Unidos no habían asistido a una iglesia en los últimos seis meses. Además de esto, el 46 por ciento de los adultos que no asisten a ninguna iglesia en los Estados Unidos son mujeres, lo cual es un aumento desde el 40 por ciento que había en 2003. 

¿Cuáles son las razones tras esta disminución de la asistencia de las mujeres a las iglesias? Stephanie L. Nance, de cuarenta años de edad, pastora de formación espiritual de adultos en la iglesia Chapel Springs, de Bristow, Virginia, lo atribuye en parte a una división cultural entre la mujer moderna y la iglesia moderna.

«Hemos visto un inmenso cambio cultural en las mujeres; se hallan en un lugar totalmente diferente al que se hallaban hace solo quince años», dice Nance. «Pero en muchos casos, [la Iglesia estadounidense] aún les sigue ministrando a las mujeres como si estuviéramos en la década de 1960».

El reporte de Barna cita otros factores, tanto culturales como personales, como contribuyentes a este cambio, entre ellos la falta de compromiso emocional entre las mujeres y sus congregaciones, otras prioridades que compiten con la iglesia, y un cambio en las estructuras de las familias. Según Kerry Clarensau, de cincuenta y cuatro años, directora del Ministerio Nacional de Mujeres de las Asambleas de Dios, la necesidad de un compromiso emocional específicamente es fundamental para las mujeres y, por tanto, esencial para que haya una relación satisfactoria con la iglesia.

«Las mujeres tienden a relacionarse por naturaleza, y a procesar sus emociones de manera verbal y por medio de conexiones con otras mujeres», dice Clarensau. «La iglesia está perdiendo su capacidad para crear esas conexiones personales».

Clarensau cree que en parte, esa pérdida se puede atribuir a la tendencia a las megaiglesias que hay en Estados Unidos. Ella dice que la capacidad menor del modelo de la megaiglesia en cuanto a facilitar unas relaciones personales estrechas, requiere que las congregaciones más grandes actúen de forma deliberada en la creación de oportunidades para que las mujeres formen relaciones individuales.

«Los grupos pequeños son beneficiosos, pero es crítica la relación de persona a persona», afirma Clarensau. «Jesús escogió a un grupo pequeño de personas para que estuvieran con él y poderlas discipular bien. La adoración colectiva no tiene capacidad para hacer esto».

Sin el atractivo de las conexiones personales, la asistencia a la iglesia desaparece con facilidad entre las mujeres que tienen que buscar un equilibrio entre su familia, su carrera y mil responsabilidades más. La investigación de Barna muestra que solo el once por ciento de las mujeres señalan como prioridades las actividades de la iglesia, o de tipo religioso, mientras que el sesenta y ocho por ciento consideran las relaciones de familia como altamente importantes.

«El tiempo es valioso y la gente incluye la iglesia en su agenda donde puede», dice Nance. «Para cambiar esto, nos tenemos que preguntar: ‘¿Cómo logramos que las personas vuelvan a participar en la vida de los demás?’» 

La solución que propone Nance comienza con el ministerio. Puesto que ella misma es pastora, exhorta a sus colegas a encontrar tiempo para estar con la gente, escucharla y enseñarle a hacer lo mismo con los demás.

«Tenemos que encontrar más tiempo para sentarnos con la gente de nuestras iglesias y hacerles buenas preguntas», dice Nance. «Jesús hacía buenas preguntas».

Cuando se forman conexiones personales, y las mujeres se sienten valoradas y se consideran parte de la iglesia, se pueden producir beneficios adicionales, entre ellos una salud mejor. Un reporte publicado en The Journal of the American Medical Association llega a la conclusión de que la asistencia frecuente a los servicios religiosos está asociada con un riesgo más bajo de muertes relacionadas con problemas cardiovasculares y con cáncer entre las mujeres. Aunque esto sea un producto secundario de la asistencia a la iglesia, lo primero que hay que lograr es la creación de las conexiones personales.

Nance y Clarensau están de acuerdo en que las iglesias también deben hacer un esfuerzo por conectarse con las mujeres que caen dentro de cualquier grupo demográfico: las divorciadas, las viudas y, en especial las que nunca se han casado. El estudio de Barna sugiere que pasar los primeros años de la edad adulta en una iglesia que enfoque su enseñanza y sus ministerios en el núcleo familiar, puede contribuir a la desconexión por parte de las mujeres solteras.

Los efectos secundarios del hecho de que las mujeres se alejen de la iglesia afecta a muchas más cosas que los números de asistencia los domingos. Las mujeres, que son las maestras y las formadoras de la sociedad, tienen una cosmovisión que ejerce una gran influencia sobre la cultura.

«Hay muchas disfunciones y faltas de moralidad dándoles forma a las ideas del individuo de hoy», dice Clarensau. «Es trágico, y la única esperanza es la Iglesia, y con ella, la verdad que presenta».

A pesar de la horripilante naturaleza de los hallazgos de Barna, Nance ve estos retos de la actualidad como parte del plan de Dios para hacer que las mujeres participen más aún en su reino.

«Estamos viendo a las mujeres levantarse y mantener una fuerte influencia como nunca antes», dice Nance.



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Ministerios Femeniles ofrece a la iglesia local la oportunidad de alcanzar a las damas con el poder del Jesucristo a través de actividades de evangelismo, grupos de ministerio, y discipulado. Este interesante ministerio se vale de diversos y creativos métodos para atender las necesidades de mujeres de toda edad, raza, profesión, y condición social. Prepara el ambiente para que las damas discipulen a otras damas, y les ofrece un lugar donde pueden aprender acerca del amor de Dios y vivirlo, y después mostrarlo a otras personas.

Desde su comienzo en 1925, Ministerios Femeniles ha desarrollado un poderoso y vital servicio a toda mujer en la iglesia local. En toda congregación hay mujeres que ministran en el coro o en la sala cuna, que enseñan la Palabra o que dirigen una reunión, que organizan actividades evangelísticas o dirigen proyectos misioneros. La diversidad de ministerios la determina la imaginación de las damas y el llamado de Dios a cada una. A través de este ministerio cada mujer tiene oportunidad de servir y de recibir el servicio de otras.

Observe a las mujeres en su comunidad y considere lo que ve. Algunas están solas, otras tienen esposo e hijos, casi todas tienen amigas. Verá mujeres de toda edad y trasfondo; algunas tal vez son viudas, otras divorciadas. Hay mujeres profesionales, otras que estudian, y las que trabajan en casa. Todas tienen una misma necesidad: conocer personalmente al Señor. Ministerios Femeniles de las Asambleas de Dios cuenta con recursos para presentar el mensaje a cada una de ellas.

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